Te suena la nariz, te pesa la cabeza y piensas en esa frase que todos hemos oído alguna vez: “vete a la sauna que te desinfectas y se te pasa”. ¿Mito o realidad? La respuesta honesta es: depende. Depende de qué síntomas tengas, de cómo uses la sauna y de qué esperes que haga. Aquí te explico, sin rodeos y con evidencia, cuándo la sauna puede ayudarte con un resfriado, cuándo no, y por qué, aunque no cure milagrosamente, puede ser uno de los caprichos más inteligentes que te regales.

¿Qué dice la ciencia?
Un estudio clásico de 1990 observó que las personas que tomaban saunas regularmente parecían resfriarse menos que quienes no las usaban, y otros trabajos más recientes han ligado el baño regular de sauna a menor riesgo de enfermedades respiratorias en poblaciones seguidas a largo plazo. Esto sugiere que la sauna, como hábito, puede fortalecer la resistencia frente a episodios respiratorios en general.
Pero ojo: eso no implica que entrar en una sauna vaya a “matar” el virus del resfriado en tu cuerpo ni que acorte el tiempo de la infección una vez que ya estás enfermo.
En resumen científico: la prevención (uso regular) y el alivio temporal de síntomas (cuando ya tienes congestión, por ejemplo) son dos cosas distintas. La sauna parece más prometedora como hábito preventivo/tonificante.
¿Cómo puede ayudarte la sauna cuando tienes un resfriado?
Si tienes un resfriado leve —nariz taponada, sensación de cabeza pesada, tos ligera— la sauna puede ofrecerte beneficios sintomáticos y de bienestar:
- Descongestión temporal: el calor y, sobre todo, la humedad (si añades un golpe de vapor) ayudan a aflojar mocos y a respirar mejor durante un rato.
- Sensación de alivio general: la vasodilatación y la sudoración producen esa “ventana de confort” que baja la percepción de malestar.
- Descanso y desconexión: el ritual de la sauna calma el estrés, y dormir mejor ayuda al sistema inmunitario a recuperarse.
Pero esto son acciones útiles, no antibióticos. Trata la sauna como un remedio complementario: te hace sentir mejor; no elimina el virus.
Cuándo no entrar en la sauna si estás enfermo
Hay situaciones en las que la sauna puede ser una mala idea:
- Si tienes fiebre: subir la temperatura corporal encima de una fiebre puede ser peligroso.
- Si te cuesta respirar o tienes una infección respiratoria grave (bronquitis complicada, neumonía): evita la sauna y consulta con un profesional.
- Si tienes problemas cardiovasculares importantes: el calor aumenta frecuencia cardiaca y carga cardíaca; consulta siempre antes con tu médico.
- Si estás muy débil o deshidratado: sudar más puede empeorar tu situación.
- No vayas a saunas públicas si estás contagioso: es una obviedad de cortesía sanitaria y salud pública.

Cómo usar la sauna para aliviar un resfriado (guía práctica y segura)
Si decides probarla, hazlo así para maximizar beneficios y minimizar riesgos:
- Mantén la temperatura moderada (no hace falta 95 °C para aliviar la congestión —60–75 °C es suficiente).
- Haz sesiones cortas: 10–15 minutos, sal, refréscate, repite si te sientes bien.
- Hidrátate bien antes y después. Ten una botella de agua a mano.
- Si necesitas vapor para descongestionar, añade solo un poco de agua sobre las piedras; evita ambientes con humedad excesiva si te sientas incómodo.
- Si aparece fiebre, mareo, dolor torácico o dificultad para respirar, sal inmediatamente y consulta.
Y ahora, la parte que esperabas: ¿por qué deberías querer una sauna en casa?
Si lo tomas en serio, la sauna se convierte en un centro privado de bienestar. Tenerla en casa significa:
- Privacidad total.
- Un recurso que, a la larga, puede reducir episodios y ofrecer recuperación más rápida tras entrenos y estrés.